El príncipe azul, se volvió verde.
Erase una vez, una hermosa princesa, que se encontraba presa en un castillo encantado vigilado por un enorme dragón. Un día llegó su tan esperado príncipe azul a rescatarla, derrotó al horrible monstruo y con un tierno beso rompió el hechizo que allí la mantenía encarcelada y fueron felices para siempre… y bla, bla, bla.
Muchas mujeres hemos crecido a la luz de los cuentos de hadas y el resto de cursilerías, pero ¿Quién no soñó alguna vez con el príncipe azul que se desmontaba de su caballo y venía a rescatarnos? ¿Hubo alguien que no pensó que con un beso todo el dolor sanaría?
La respuesta es clara, mas los golpes y caídas del diario vivir nos arrastraron en algún momento a la realidad, esa donde no existen las princesas encantadas ni el país de las maravillas, esa donde “El príncipe azul, se volvió verde”.
La verdad es que cuando crecemos nos damos cuenta de que las cosas no son tan sencillas como solíamos creer, pues, con una varita mágica los problemas no se desaparecen.
El amor no es un tema simple, no existe una guía que nos explique los pasos a seguir y resulta que ese príncipe azul no existe, hay sapos brincando de charco en charco buscando nuevas víctimas para cazar, mas resulta que el príncipe se volvió sapo porque así se lo permitimos.
Muchas mujeres hemos crecido a la luz de los cuentos de hadas y el resto de cursilerías, pero ¿Quién no soñó alguna vez con el príncipe azul que se desmontaba de su caballo y venía a rescatarnos? ¿Hubo alguien que no pensó que con un beso todo el dolor sanaría?
La respuesta es clara, mas los golpes y caídas del diario vivir nos arrastraron en algún momento a la realidad, esa donde no existen las princesas encantadas ni el país de las maravillas, esa donde “El príncipe azul, se volvió verde”.
La verdad es que cuando crecemos nos damos cuenta de que las cosas no son tan sencillas como solíamos creer, pues, con una varita mágica los problemas no se desaparecen.
El amor no es un tema simple, no existe una guía que nos explique los pasos a seguir y resulta que ese príncipe azul no existe, hay sapos brincando de charco en charco buscando nuevas víctimas para cazar, mas resulta que el príncipe se volvió sapo porque así se lo permitimos.
- Liz.



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